Oscar Ojeda
Me he pasado más de la mitad de mi vida atribuyendo mis logros a mi “inteligencia”.
Y la otra parte la he dedicado a probar cosas y a fracasar en ellas. Y aun así ha sido, y está siendo, mi etapa favorita.
Según personas más listas que yo, hay dos tipos de mentalidad:
- Mentalidad fija.
- Mentalidad de crecimiento.
No me voy a poner teórico, pero una te hace avanzar y la otra no. Los nombres te dan pistas de cuál es cuál.
En cuál de las dos estés va a definir mucho que conectes o no con lo que hay en esta página.
No hay una buena y una mala (o sí, júzgalo por tu cuenta), pero hay una que te permite mirar atrás y ver que no estás en el mismo punto con cada año que pasa.
Hay una que te permite salir de la vida en la que te has quedado atrapado y tienes la ilusión de haber elegido.
Yo hice lo que se supone debía hacer. Estudiar y buscar un trabajo, era lo correcto, ¿no?
Y aun así me faltaba algo.
Es difícil de describir, porque es un sentimiento muy personal. Es una sensación de inconformidad que te hace seguir buscando la forma de hacer las cosas a tu manera.
Esa búsqueda me llevó al emprendimiento como forma de vida. No podía calmar esa sensación interior trabajando para otros.
El día que hice clic, despertó en mí una llama que he ido alimentando con el tiempo (José Elías lo llama “la mordida de la víbora”).
Fue un impulso, un chispazo que me hizo cambiar de dirección.
Eso bastó para, con el tiempo, rehacer mi vida en un país nuevo, reinventarme profesionalmente y probar suerte con diferentes negocios que, como has leído antes, “han fracasado”.
Esos “fracasos” me han dado lo suficiente para tener un trabajo estable, teletrabajar desde casa para una empresa ajena, vivir en una ciudad bonita, encontrar al amor de mi vida y tener un hijo precioso.
Me han sacado de ese estado de frustración en el que la vida pasaba y nada cambiaba.
Pero no han sido suficiente para llevarme a lo que de verdad me ilusiona, lo que me mueve hoy en día.







