Me he pasado más de la mitad de mi vida atribuyendo mis logros a mi “inteligencia”.
Y la otra parte la he dedicado a probar cosas y a fracasar en ellas. Y aun así ha sido, y está siendo, mi etapa favorita.
Según personas más listas que yo, hay dos tipos de mentalidad:
No me voy a poner teórico, pero una te hace avanzar y la otra no. Los nombres te dan pistas de cuál es cuál.
En cuál de las dos estés va a definir mucho que conectes o no con lo que hay en esta página.
No hay una buena y una mala (o sí, júzgalo por tu cuenta), pero hay una que te permite mirar atrás y ver que no estás en el mismo punto con cada año que pasa.
Hay una que te permite salir de la vida en la que te has quedado atrapado y tienes la ilusión de haber elegido.
Yo hice lo que se supone debía hacer. Estudiar y buscar un trabajo, era lo correcto, ¿no?
El día que hice clic, despertó en mí una llama que he ido alimentando con el tiempo (José Elías lo llama “la mordida de la víbora”).
Fue un impulso, un chispazo que me hizo cambiar de dirección.
Eso bastó para, con el tiempo, rehacer mi vida en un país nuevo, reinventarme profesionalmente y probar suerte con diferentes negocios que, como has leído antes, “han fracasado”.
Esos “fracasos” me han dado lo suficiente para tener un trabajo estable, teletrabajar desde casa para una empresa ajena, vivir en una ciudad bonita, encontrar al amor de mi vida y tener un hijo precioso.
Me han sacado de ese estado de frustración en el que la vida pasaba y nada cambiaba.
Pero no han sido suficiente para llevarme a lo que de verdad me ilusiona, lo que me mueve hoy en día.
De alguien leí, y aprendí, que conviene escuchar a personas que hayan transitado un camino parecido al que queremos recorrer, o que hayan llegado a una meta a la que queramos llegar.
Esto es una pincelada de dónde vengo y a dónde quiero ir.
Es mi camino.
Puede ser diferente al tuyo.
Puede que te sientas identificado pero estés en un punto anterior, o más avanzado que yo.
En cualquier caso, la propuesta es la misma.
Voy a escribir cómo llego a eso que me ilusiona en mi newsletter: un correo semanal donde te iré contando cómo lo voy haciendo.
Te compartiré, en esencia, tres cosas:
Esto lo recibes en tu bandeja de entrada cada domingo. Si te gusta, esperas al domingo siguiente; si no, te das de baja con un clic.
P. D.: Justo cuando te suscribas te llegará un correo donde te cuento de qué va el negocio de mi chica (especialista, con un negocio físico recién empezado) en el que estamos inmersos, y mi último fracaso digital y por qué falló.