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Cómo saber cuándo dejar un proyecto que no te lleva a donde quieres

Un vaso de chocolate con fresas puede cambiarte la vida

Oscar Ojeda · · Micro ensayo


Te voy a contar cómo tomé la decisión de dejar la app y empezar con otra cosa en una tarde de paseo.

Es un secreto a voces, no es algo que escucharás por primera vez, pero llevo años que lo tengo integrado (antes no lo tenía) y me ha ayudado mucho a la hora de tomar ciertas decisiones.

Te pongo en situación.

Unos días previos a tomar la decisión me salió un TikTok de unos chavales en Donostia que abrían un local nuevo.

Habían encontrado un par de productos innovadores en uno de sus viajes por Asia y lo querían traer a la ciudad.

Habían alquilado un local y lo estaban montando todo para empezar en unos días.

Me gustan mucho las historias de emprendedores, y ver a chavales jóvenes lanzarse con su propio negocio, sin tener idea de lo que estaban haciendo, pero metiéndole muchos huevos y trabajo, es inspirador.

Así que decidí que, cuando abrieran, me iba a pasar a tomarme algo y aportar algo a su valentía.

Ya llevaba días que subir los eventos a la app se me estaba haciendo pesado, y mantener el ritmo semanal me estaba pasando factura. No había logrado hacer que los organizadores le vieran el suficiente valor para subir los eventos por su cuenta y muchos de los eventos semanales recaían en mí.

Supongo que, aunque la decisión se tome en una tarde y esa misma mañana tuviera pensado seguir como el resto de días anteriores, algo va madurando en tu inconsciente, algo va poniendo en la balanza si te merece continuar o no.

Salí una de las tardes, como hago a veces con el pequeño, a darle un paseo. Ya había pasado la fecha de apertura de los chavales, así que me pasé por su local.

Mientras me acercaba volvía a pensar en la valentía de los chicos, cómo abren un negocio así sin tener idea de si les iba a salir bien o no. A esa edad se tiene cierta inconsciencia y energía que te hace avanzar sin pensar mucho en lo que puedes perder si sale mal.

Pensaba en lo orgulloso que me sentiría si mi pequeño decide emprender en el futuro y cuánto lo apoyaría. Se supone que para ese entonces ya voy a tener mi emprendimiento y vivir plenamente de él sin trabajar para otro.

Llegué al local. Había 3 productos:

  • Açaí orgánico
  • Chocolate con fresas
  • Café con vaso comestible

Era un poco tarde para el café. Tenía que decidir entre el açaí y el vaso de chocolate con fresas.

Fácil. No le di mucha vuelta a las cosas: chocolate con fresas.

No suelo frenarme en tomar decisiones. Pongo en una balanza y elijo lo que me parezca que tiene más ventajas (bueno, excepto cuando mi chica y yo tenemos que tomar decisiones en conjunto, que tengo que elegir lo que le parezca bien a ella, y no siempre acierto).

Salgo del sitio con mi vaso a rebosar de fresas y chocolate, teniendo cuidado ya no solo de ensuciarme a mí, sino al pequeño futuro emprendedor que porteaba en ese momento.

Por mucho que lo intenté, no pude evitarlo. Le cayó una gota del chocolate que chorreaba de la cuchara. Le chupé un poco la cabeza, que la tenía a tiro, y seguí.

Mientras reía internamente por lo que había pasado, pensaba en contarle esto cuando fuera grande y ambos tuviéramos nuestros emprendimientos.

Lo veía a él con la energía de los chicos, con ideas locas así, pero cuando me veía a mí, no me veía.

No lo tenía claro.

No sabía cuál era el emprendimiento que iba a tener mientras le contaba cómo le lamía la cabeza de chocolate derramado.

El problema no es que no me viera a mí, es que no me veía con lo que tenía en ese momento. No me veía con SBK APP.

No por el proyecto, que sí me gustaba, sino por lo que el proyecto en sí podía generar.

No era el camino para llegar a la tranquilidad. No era el proyecto para llegar a la libertad que busco.

Sumé más cosas a la balanza y, mientras dejaba el vaso vacío de fresas con chocolate en la basura, tomaba la decisión definitiva: dejaba SBK APP y empezaba de cero.

Qué vendría luego no lo sabía. Ya se me ocurriría algo, pero aquel no era el camino.

Ya lo había hecho antes, una vez más no era gran cosa. Ese es mi secreto a voces.

Ya lo he hecho tantas veces que no me frena tomar la decisión. De las veces anteriores he aprendido que a corto plazo hay oscuridad pero a medio plazo vale mucho la pena.

Lo aprendí cuando dejé de fumar después de 6 años, cuando decidí que no iba a ejercer lo que había estudiado en la universidad porque no me había gustado, cuando decidí irme del país porque no quería vivir encerrado.

¿Qué son dos años dedicados a la app comparado con eso?

Nada.

No soy el único empezando de cero en casa. Mi chica vuelve al trabajo luego de la baja por maternidad, va a lanzar consulta propia y eso me da margen para ayudarla plenamente mientras pienso en qué camino nuevo elegir.

Abre el 1 de junio. Ya tenemos un espacio para las consultas presenciales y estamos dejando a punto los activos digitales. Estoy justo trabajando en la web ahora, he parado para escribir esto.

Ya hemos traído su perfil de Google Business a la nueva ubicación, hemos trabajado un poco su perfil de Doctoralia y ya avisó ella en su lista de correos que empieza a pasar consulta de nuevo (si no soy el único en casa al que le gusta esto de enviar correos semanales).

Así que, por ahora, mi empezar de cero se convierte en nuestro empezar de cero.

P. D.: Si se te hace raro que hable de otra cosa que no es SBK APP, puedes leer el ensayo anterior, que lo explico mejor.

Oscar

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